Así comenzó la mañana: salimos de casa, y vimos como la peor nevada de los últimos 50 años se anunciaba en la costa este de China. Aquel día viajábamos a Suzhou, a un par de horas de Shanghai.
Salimos de casa antes de las ocho, para agarrar un tren adecuado. Caminamos sobre la nieve hasta el metro, que es lo que se ve abajo: Lo esperando el metro en la estación Lujiaban Lu, a 100 metros del depto…
Lo en la estación
Llega el metro. Nótese el abrigo de Lo.
Aquí acontece la combinación, de la línea que nos tomámos en casa, a la que pasa por la estación de tren.
Después de un rato (muy corto, porque el metro en Shanghai es estupendo…) llegamos a la Shanghai Railway Station, la estación de trenes más vieja e importante de la ciudad. El metro y la estación están conectados por una serie de pasadizos, que a toda hora están repletos de gente.
El pasadizo…
Eso: la estación.
A la estación solamente puede accederse una vez que se tiene el pasaje correspondiente. Alrededor de la estación: miles y miles de chinos esperan su tren. Comprar el pasaje es, generalmente, una aventura, pero esa mañana fue una empresa relativamente simple. La nevada se convertía en llovizna por un rato, y después volvía a nevar, una y otra vez. Los habitantes transitorios de la plaza pululaban por todas partes cubiertos con bolsas, o bien dormían dentro de los túneles del estacionamiento de la estación, o de la conección con el metro.
Sacamos los pasajes en el tren rápido, pero para más de una hora y media después. Teníamos algo de hambre, y la calle no estaba como para andar dando vueltas, así que decidimos entrar en la estación, y rumbear para el KFC…
Gente muy, muy sacada entrando a la estación. Acá hay que empujar…
Morfe y vuelve!
Subiendo, por allá, está nuestra sala de espera
La sala de espera era un cuarto inmenso, de no menos de 30 metros de lado, repleto de gente que esteraba varios trenes (desde una misma sala se va a diferentes servicios) Las salas de espera tiene asientos, baños, salas de fumar y, por supuesto, el “cuarto del agua para el té”, que es un pequeño cuarto de 3 x 3 en el que hay una o dos máquinas que entregan gratuitamente agua caliente, como para tomar el mate (¿había en Arg unas “marca” Taragüí, no?), pero que los chinos usan para tres cosas, escencialmente: 1-tomar agua, ya que en China el agua se toma caliente, cuanto más, mejor; 2-preparar té, no solamente La Virginia en saquitos, sino toda clase de infusiones en frascos inmensos, con carácter medicinal o 3-para hidratar las sopas instantáneas o los fideos del almuerzo, el desayuno, la merienda, la cena, etc etc…
Habitación del agua para el té
Gente comiendo las sopas o los fideos hidratados con el h2o...
La sala de espera, desde 16 mm...
Personajes en la sala de espera, I
Personajes en la sala de espera, II
Al rato de estar esperando, en una pantalla aparece el número de nuestro tren, y todos (los chinos y nosotros, los no-chinos) nos abalanzamos desesperados hacia la minúscula abertura que conduce a los pasillos, que a su vez llevan a los andenes. Vamos, vamos.
Anuncian nuestro tren.
¡Eh, vamos, todos, al mismo tiempo!
Una vez que cruzamos la minúscula puertita, salimos disparados, impulsados por la sino-presión humana, hacia un largo pasillo. A la derecha de tal pasillo había grandes puertas con escaleras (mecánicas y de las otras) que bajaban hacia los andenes. Treinta metro más adelante de nuestro punto de entrada a los laberintos, una china sostenía un cartel con el número de nuestro tren, y los chinos se abalanzaban hacia las escaleras. Hicimos lo mismo, claro. Finalmente, luego de algunas corridas aparentemente naturales, nos sentamos en el tren: excelente!
Lo en su asiento, feliz.
El pasillo del vagón, desde nuestros asientos.
El tren llegó a Suzhou en minutos, por menos de 5 euros. A medida que nos alejábamos de Shanghai, el paisaje se volvía más y más blanco, y la nieve más densa, la que caía y la otra, que reposaba en techos, árboles y vías aledañas. Llegamos a Suzhou, bajamos del tren y salimos de la estación. La nieve caía con una peligrosa intensidad, y eso era sólo el comienzo.
Primeros pasos en Suzhou
Fuimos hasta el hotel en un moto-taxi (uff, hay un video por ahi, pero no lo encuentro, después lo pongo), pedimos un par de paraguas en la recepción y salimos a recorrer las inmediaciones, en busca de algún canal.
Mezquita de Suzhou, oculta en una callejuela cualquiera.
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